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Back to the futu... perdón, Azkena 2010.

miércoles, 14 de julio de 2010


Con un mes de retraso, yo, Vigo von Homburg Deutschendorf - aka psichoboy- tengo a bien de traeros la crónica NO musical del último Azkena Rock Festival, ese evento que una vez al año reune una tropa de gente, los Trus, dispuesta a tajarse con Jagermeister si hace falta por el bien del espectáculo, por la sonrisa de los niños y para erradicar las guerras, el verdadero mal de este mundo.

Por los niños, por el futuro del mundo.


Llegamos el jueves sobre la hora de comer. El recinto cuando subimos la cuesta por primera vez (jodida cuesta, cargados como burros, menudo sufrimiento) ya presentaba un aspecto bastante colorido. Parecía una feria de muestras de tiendas Quechua. Las había de dos segundos, tres segundos y hasta alguna que se debía montar en cinco y medio visto el tamaño que gastaba (para no menos de diez personas, pista de pádel incluída). Encontramos sitio no muy lejos de donde el año pasado con la novedad de que en esta edición delimitaban los caminos supongo que para evitar tropiezos nocturnos y facilitar la limpieza, bien por ambas cosas, sobretodo la primera. Todo el mundo sabe que nada jode más que los tensores de tiendas ninja cuando intentas atajar camino. Me hizo gracia porque justo subiendo había un pick up tuneado de la bebida Monster que por lo menos parecía gastar unos 20L/100 kms con el tamaño que tenía y que iba atronando a la peña con jarl rock a toda mecha, con la consiguiente cara de WTF de mucha gente que luego veía como la parte trasera era una enorme nevera desde donde el copiloto daba esa meada de burro en lata por la patilla a quien quisiera. Obviamente, como buen ciudadano demócrata que soy, pasé de beber "eso".

Sobre las 6 o así aparecía Sorro que se instalaba con Karlitos en el vecindario. Montaje de tienda clásico, piquetas, estructura, todo un rompecabezas que con la moda Quechua parecía estar destinado al olvido pero no, unos irreductibles trus no se rinden a la mayoría y ahí estaban, montando como campeones. Karlam y sus amigos aparecieron al poco y ahí estaba el martillo, rulando cual trocolo ahora para tí, ahora para mí, préstamelo que lo necesito un rato. En esas que Absence, Hiro y el amigo-cuyo-nombre-no-recuerdo (perdón!) también hicieron acto de presencia.


Qué voy a decir del Azkena, bueno, mejor dicho Askena como a bien tuvo de decirnos una dependienta de los tenderetes que nos debió confundir con los hermanos perdidos de Patxi López por nuestro acento. Pues eso, que qué voy a decir del Azkena. El festival en sí, flojo, flojo. Mucha tralla el jueves y el viernes y el sábado demasiado viejunismo sonoro y físico. No quiero decir que no disfrutara pero no creo que el camino a seguir para el ARF sea ir tirando a grupos mediáticos para atraer a gente, pero bueno, allá ellos (los Last Tour International, digo). El viernes tras machacarnos a conciertos como perras y tras beberme todo lo posible por beber y no tajarme, nos fuimos cuando Black Lips empezaban a liarla. Yo no podía más, muchas horas de pie, mucho alcohol y nada de taja porque todo lo que bebía era eliminado por mi organismo vía glándulas sudoríparas. Sobre todo en sobaco e ingles, para vuestra información, Camacho style.

El viernes, tras dormir entre nada y cero, ducha en el mismo recinto (iba muy apurado, sí) y desayuno en el casco viejo mientras me reponía de unos dolores de tripa de esos que anuncian Hecatombe en el WC with a vengeance pero que quedaron en amenaza incumplida y orden de alejamiento. Conciertito de Imelda May en la plaza ya con Sorro y Karlitos, que tenían cara de resaca, y luego encuentro con Absence & cia. Tras el concierto, búsqueda de sitio para comer y vamos a parar a un garito de pintxos como nuestro señor jesucristo manda: bacalao, anchoas, tortillas varias, berenjena rebozada con queso y jamón y demás. Nota para visitantes: Cartelaco que anuncia Tamien ay bocatas frios y calidos. Tardamos segundos en darnos cuenta de la primera falta, pero la segunda a mi se me pasó por alto durante varios minutos. Soy un hijo de la Logse, lo sé. Durante ese rato la conversación giró en torno al tema "Pelo en el pecho a los 28 años, ¿es posible?" con varios ponentes que coincidían que es normal que me pasen estas cosas y que no tengo que buscar apoyo psicológico. Después de la comilona, vuelta al ruedo. Mejor dicho, camino de vuelta. Unos se van al hotel y otros siguen a Sorro que va diciendo que oye al césped como le llama. Yo no oía una puta mierda, pero ya se sabe, cuando alguno no anda bien de la azotea es mejor no llevarle la contraria, así que poco después estábamos tumbados en el parque cerca del recinto echando una cabezada de 15 minutos que supo a glória. Después unos se fueron a preparar el botellón de las 20:00 y otros fuimos a buscar hielo para mantener la nevera a su temperatura. Llegamos a la tienda y recibo una llamada desesperada:

Sorro: Tío, tenemos un pequeño problema. No tenemos vasos para escanciar sidra. Ni hielo.

Psichoboy: ¡BOY!

Media hora después aparecíamos con la nevera y nuestras provisiones de bebercio (entre otros, un engendro de Caipirinha Almirante capaz de disolver metales) y hielo a la zona de botellón.

Psichoboy: ¿Dónde está la sidra?

Sorro: ¿Yo te he dicho eso?*

Pues nada, a beber se ha dicho. Aparecieron los riffers y de cháchara varia hasta que la gente se fue largando poco a poco supongo que por hablar de black metal, Anal Cunt y calzoncillos. Alguien terminó llamando culocarpeta a otro alguien (no voy a decir nombres) y se llegó a la conclusión que los calzoncillos vintage tienen que tener la misma comparación que la música. Si molan, molan, a pesar de parecer que tu abuelo te los ha prestado. España va ganando y nos van llegando las noticias a través de distintos medios. Cuando nos damos cuenta, va a tocar ESLAAAAAAAASSSSH y los pocos que quedamos en el párking nos volvemos dentro. Desbandada, yo aprovecho para jalar algo y me encuentro luego con algunos elementos completamente tajados cuando Kiss van a salir. A partir de ahí, delirio hasta la lágrima. El baile de la toalla, conga doom, gente que no sabe que cara poner al ver a ciertos personajes de bailoteo etílico y al final la peña uniéndose a la conga a la que me negué a participar por no sentirme destinado a ello (que gran excusa). Dos horas de tostón puntual sobre el escenario que si no fuera por el delirio de algunos adorables borrachos hubieran sido de tostón completo. Cerraron Kiss, desapareció la gente y terminamos la noche con Imperial State Electric, que como bien dijo Karlam, ofrecieron un conciertazo, pero yo ya estaba demasiado machacado para no morir. De vuelta a la tienda, coma profundo y ya enfilamos el sábado.

Hoy si, ducha de personas en el polideportivo y luego desayuno en el bar "de siempre". Pero desayuno de campeones: zumos, pintxos y café. De vuelta a la plaza y con una solana de espanto vemos a El Vez mientras trus y riffers nos vamos reuniendo poco a poco. Tras el chow y la llegada de una amiga mia de Bilbao, búsqueda de sitio para jalar. Terminamos en un restaurante de diseño pidiendo ensaladas para todos y, por mi parte, unos chipirones que sabían a lo que saben las cosas que están de puta madre. Pero todo el mundo seguro que coincide en que los ganadores fueron los que escogieron el marmitako, que menudo platazo le sirvieron al amigo de Absence y Hiro. Como para echarse una siesta de media tarde luego. Tras el ágape, desbandada, café en un bareto, siesta... y cola flipante para ver a Bob Dylan. En fin, cosas que pasan, ¿no? Vi a un tío encima del escenario que parecía paticorto y tenía voz de rata con sida. Eso es todo lo que voy a decir de Dylan y tras esto, firmo mi exilio musical no sea que mañana aparezca en las necrológicas, que todo el mundo coincidió en decir que fue un concierto cojonudo. Pos mu bien, oye. El día se había nublado y lloviznó, pero lo gordo vino cuando tocó Chris Isaak. Agua, más agua y nosotros ahí debajo tras ver de lejos a Toilet Boys, que no me emocionaron demasiado, la verdad. Terminó el conciertazo de un señor con clase y traje azul (conforme van pasando los días me va gustando más lo que vi, lo siento) y ya es que ya me fui a cambiar de ropa. Tenía hasta los gayumbos en remojo y no hay nada más desagradable que tener los testículos mojados por las inclemencias del tiempo. Empezaron The Hives pero físicamente ya es que ni pude levantarme del colchón hinchable de la tienda que me salvó esa noche de una muerte segura y cuando me quise dar cuenta, hasta Bad Religion habían terminado y yo sin verlos. Bien por tí, nene, que querías verlos o eso decías. A la mañana siguiente, cielo encapotado y primeras tiendas dos segundos cerradas en media hora. Desayuno con Sorro y Karlitos en el bar de al lado del "de siempre" y despedida. ¿Última vez que subimos la cuesta este año? Si, eso parece. Tardamos como una hora en cerrar la puta tienda mientras un panchito nos intentaba ayudar y alguien que yo me sé estaba a punto de imitar a Hernán Cortés y cia y marcarse un Apocalypto. Tras mucho insistir y la ayuda desinteresada de un chaval que fue capaz de cerrar la tienda en 15 segundos ante nuestros ojos, el panchito se fue a seguir su búsqueda espiritual por el monte con el sabor del trabajo bien hecho. No fue capaz de ayudarnos y encima tuvo que venir otra persona, pero la paz espiritual ya estaba alcanzada por su parte. Terminamos de recoger los bártulos y nada, a andar de camino a la estación. Cuando uno baja la cuesta piensa "nunca máis!", pero también es cierto que piensas "... quizás". Y no se sabe si el año que viene repetiremos, o si pasamos del ARF y vamos a otro, pero ahí estará siempre ese pequeño desnivel para recordarnos que aunque estén Kiss dando la brasa y provocando regresiones de tres decenios en maduros padres de familia, siempre quedarán los recuerdos entre trus y riffers que tuvieron la amabilidad de compartir su tiempo, sus vivencias y sus historias con nosotros.


Amén.


*conversación real.

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